Recuerdo cuando empezó todo, hace ocho años. El momento exacto en que me sentí de esta manera, por culpa de quién, qué se dijo, donde fue, con quién estaba... Puedo revivirlo si cierro los ojos. Y no fue de las peores veces, simplemente pasó y me afectó de tal manera que aquí estoy hoy.
En cambio la época en que pasó casi no puedo recordarla, eso sí. Ni mucho ni concreto.
Recuerdo el ansia por tener el control de todo. De las personas, de mí, del hambre, de mis notas, patinaje, todo. No podía dejar nada al azar. Y si pasaba me agobiaba tanto que lloraba hasta dormirme o hasta dejar de sentir. Así nació lo que llamaba Amber. Y aún hoy pasa.
Hacer ejercicio encerrada la habitación, en silencio. Un, dos, un, dos. Corría, hacía abdominales y sentadillas, incluso me tiraba ratos saltando, o haciendo bici con la elíptica.
Sentía una especie de paranoia, no confiaba en nadie para contarle nada. Ni sobre la comida, ni nada. Solo hablaba de manera trivial. Solo me guardaba para mí tooodas las cosas que me pasaban.
Y por eso solo hay entradas aleatorias en mi diario, no lo contaba todo por miedo a que lo encontrara alguien y lo leyera. Fuera quien fuera. Y más cortándome. Aún hoy me cuesta contarle las cosas a las personas.
Y me está pasando todo de nuevo. Quiero correr por mi habitación porque como estoy de exámenes no me puedo mover casi. Como muchísimo menos del mínimo que se supone debería comer para perder peso de manera normal. Y no quiero comer más. Ya me siento bastante mal por lo mucho que como. Es el cuarto día y ya no siento el hambre, siento los nervios y la tensión, nada más.
Todos son una amenaza para lo que quiero. Y lo peor es que ya saben lo que hice. Así que es doblemente más difícil... Yo no les digo qué hacer con sus vidas, porqué aún así me juzgan? No voy a vomitar, ni a laxarme, ni a dejar de comer del todo hasta morirme. Y no, no estoy tan mal como para seguir una vez esté bien.
¿No pueden simplemente ignorarlo?
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